
Son las once de la mañana en la casa de los Rodríguez Núñez. Marinis, la madre, está preparando el almuerzo mientras Juan Carlos, Juan Mario Y Sharid juegan a ser grandes.
Juan Carlos, de dos años, le encanta jugar. Este morenito de ojos negros corretea detrás de su madre pidiendo agua, dulces y comida. Sumerge sus sueños en sus carros llenos de tierra y en las historias que sus hermanos le cuentan.
Juan Mario, el artista, es un posado y sonriente niño de 7 anos. A su corta edad es uno de los más inteligentes de su salón. Esta en primero de primaria y ya sabe resolver problemas matemáticos complejos para niños de su edad. Afortunadamente para él, por ahora, son los únicos problemas que debe resolver dentro de una familia humilde como la que tiene.
Sharid, como la actriz, pero más pequeña, de 5 anos maneja más léxico que un adulto letrado y esconde en su sonrisa las ganas de brillar. Ella le encanta las muñecas y sueña con modelar. Es una niña nada tímida que no tiene ningún tipo de reserva a la hora de preguntar.
Juliet, de 14 anos, es la finalista de un concurso de matemáticas que de premio le dará llegar a la gran capital, Bogotá, para participar con más estudiantes a nivel nacional. A su corta edad y a diferencia de muchas adolecentes, Juliet solo piensa en ir a la universidad y estudiar una carrera que mas que le guste le de sostenibilidad para ella y su familia.
Maira, la mayor de 18 anos, según los relatos de su madre es la más lúdica. Le encantan las fiestas, salir y los amigos. A pesar de su situación económica, la joven estudia y trabaja dando ejemplo seguramente a muchos de sus compañeros del SENA, lugar donde actualmente estudia criminalística.
La familia Rodríguez se sostiene gracias al trabajo de Don Roberto Carlos quien no canta en una tarima sino dentro de un taxi alquilado para poder cubrir los gastos de la casa. Doscientos mil de arriendo, setenta mil de servicios y quince mil de diario para los siete habitantes de la casa.
Marinis, de cuarenta y dos anos, con una sonrisa exuberante se encarga de la labor más complicada. Mantener resguardados a sus cinco hijos de la violencia, malos hábitos y sobre todo vulnerabilidad que les puede traer a sus hijos la pobreza. Según su relato no hay muchos paseos familiares ya que Barranquilla es una ciudad que ellos encuentran costosa a comparación de Rioacha su ciudad natal.
La familia Rodríguez emigro hace cuatro años de la Guajira para el Atlántico con la esperanza de mejorar sus vidas ya que no encontraban trabajos que pudieran sostener a su gran familia. Ahora esta familia de sonrisas refleja una armonía única dentro del todo el drama que puede traer la necesidad de ropa, vivienda y alimentación.